Los Machado, de vuelta a Rocafort
Setenta y dos años después, la sobrina del poeta revive los momentos de la estancia de la familia Machado en Rocafort.
Tomas Gorria. “Allí se sentaba la abuela Ana. A su derecha el tio Antonio, el tio Pepe y su mujer, mis padres y el tio Joaquin y la tia Carmen….” De este modo relataba Leonor Machado la disposición en la mesa familiar del comedor de la segunda planta de Villa Amparo. Leonor, que volvía a a aquella estancia setenta y dos años después, cuando convivió con su tio Antonio quince meses en esta residencia de Rocafort también recordaba que en aquella habitación su tio les impartía clases de francés, “para que no estuvisemos en barbecho”. También se aninmó a abrir una puerta: “Tras esta puerta estaba el mirador donde comiamos las seis primas”. Allí estaba, efectivamente, tras franquear una puerta cerrada durante mucho tiempo, se descubre un mirador abierto al jardín y a la huerta, junto a la terraza en la que según Gil Albert, departía con el poeta sobre sus colaboraciones para Hora de España.
Las emociones comenzaron el día anterior. Una informal comitiva de recepción (formada por representantes de las asociaciones de Rocafort que están organizando el Año Machadiano y quien firma estas líneas) enseguida reconoció a la sobrina (tambien ahijada) y a la sobrina-nieta del poeta. En los rasgos de Leonor se reconoce el rostro del poeta sevillano.
El origen y el destino de ambos viajes coinciden, pero la llegada de las representantes de la familia Machado a Valencia fue bien distinta de aquella de noviembre del 36, que Leonor recuerda muy bien. En aquella ocasión, era tan sólo una pizpireta muchacha de 12 años, que vivía aquella experiencia con sus cinco primas como una especie de aventura. “la correa de transmisión de aquel autobus no aguantó el puerto de Contreras”. Antonio y su madre pudieron llegar a Valencia en un coche particular, el resto de la expedición llegó casí al caer la noche. Allí, en la Casa de la Cultura, en el reconvertido hotel del 42 la calle de la Paz les esperaban en un ambiente un tanto caótico, acomodo de decenas de refugiados de Madrid. En el mismo hotel que les acogerá a Mercedes y a Leonor (ahora es un confortable hotel de cuatro estrellas) durante su breve estancia en Valencia y Rocafort.
Están en Valencia invitadas por diversas asociaciones cívicas y culturales de Rocafort, que, con el apoyo del Ayuntamiento de la localidad, han diseñado un programa de actos (empezó el pasado 22 de febrero, en el setenta aniversario de la muerte del poeta en Colliure) en el contexto de un año de eventos con el fin de situar definitivamente a Rocafort en el mapa del universo machadiano; recitales, concursos de poesia, actuaciones musicales se han programado hasta febrero de 2010, que culminará con una exposición itinerante sobre la estancia de uno de los mayores poetas en lengua castellana en un pequeño pueblo de l’Horta de Valencia. El pasado sábado era el turno del homenaje que el pueblo de Rocafort quiso ofrecer a la familia Machado, personificado en Leonor.
Memoria y emoción.
“Benicalap, Empalme, Burjassot, Burjasot-Godella, Godella, Rocafort…” Leonor recordaba perfectamente la secuencia de las estaciones de aquel trenet “casi de juguete” que la llevaba en veinte minutos de la estacioneta de Pont de Fusta hasta Villa Amparo, casi aneja a la estación de Rocafort. Setenta y dos años después, recorrió el mismo trayecto, en la linea 1 de metrovalencia, rememorando las sensaciones que tras salir del casco urbano ofrece el paisaje de la huerta, entre Godella y Rocafort, tal y como lo expresó su tio Antonio en una entrevista a Plá y Beltran: ” Es como un poco de paraiso, sobre la huerta flamean todos los verdes, todos los amarillos, todos los rojos, el agua roja de esas venas surca graciosamente y abastece el cuerpo de esta tierra. Un texto, que aparece ahora reflejado en un mural realizado el pasado 22 de febrero muy cerca de Villa Amparo, sobre la acequia de Montcada.
En su casa de la calle Buenavista de Rocafort le esperaba nerviosa Amparo Ferrando, una de las amigas de Leonor durante su estancia en Villa Amparo. Juntas recordaron como se acercaban cada tarde a la estación a acompañar a las muchachas que esperaban que la saca de correos que traía el trenet, les trajera carta de sus novios en el frente “en el bando republicano”, remarca Amparo, verdaderamente feliz de reencontrarse con Leonor, quien tambien emocionada, agradecia a los organizadores del acto esta posibilidad de reencuentro con sus recuerdos de Villa Amparo. Más tarde llegó el momento de los actos programados, uno de los eventos sociales más intensos de los últimos años en Rocafort. En la casa de la Cultura esperaban a Leonor y Mercedes, ahora acompañados de Amparo, el alcalde Sebastián Bosch, quien recordó el compromiso de su corporación con los actos programados durante este año. Francisco Ruiz, presidente de Republicanos de Rocafort, una de las asociaciones organizadoras del evento, pronunció unas de las más emocionadas palabras, recordando que en este acto no sólo se homenajeaba a Machado, sino al espíritu de justicia y libertad de aquella República que tambien moria en Colliure, en febrero de 1939.
Antes de la comida, pudimos recorrer con Leonor y Mercedes los jardines y las estancias de Villa Amparo, saboreando las noticias inéditas que nos brindaba. “Mi tio dormía y trabajaba en esta habitación, que daba al balcón donde aparece en la famosa foto con el pie equivocado”; “en este porche jugábamos con María Teresa León, que acompañaba a León Felipe y a Rafael Alberti, cuando venian a visitar a mi tio, ella me llamaba la niña de los ojos grises”. También nos relato una de las anécdotas que ha conformado la memoria familiar de los Machado. “Un día, se suscitó en la casa un inmenso revuelo formado por una gallina suelta. Mi tio, estaba muy preocupado por los destrozos que pudiera ocasionar en la casa (era consciente que vivía en una casa expropiada), pero al final, tras el alboroto y la captura del animal, se propuso que al dia siguiente la gallina siviera para un sustancioso caldo. Jamás, respondió el poeta, no merece tal castigo. Y nos quedamos sin caldo”.
Pero uno de los momentos más emotivos, fue cuando acompañamos a Mercedes, sobrina de Leonor, a lo alto de la torre a la que el poeta, según palabras de Leonor, subía muy a menudo al amanecer para meditar. Mercedes se asomó a una de las desvencijadas ventanas y pudo observar un paisaje similar (setenta años y un urbanismo agresivo mas tarde) al que contemplara el poeta, y le inspirara aquellos versos que dedicara a Valencia, la de las finas torres y fecundas primaveras. (Amanecer en Valencia. Desde una torre)
Villa Amparo es ahora un restaurante, especializado en bodas y eventos sociales. La casa está adecuada a esa función y de las antiguas habitaciones queda un leve recuerdo. Una reforma posterior a la estancia de los Machado también ha transformado significativamente la estancia. No quedan muebles que testimonien el paso del poeta. Aun así, pasear con Leonor (que a pesar de sus ochenta y cuatro años posee una vitalidad desbordante) por aquellas habitaciones donde viviera Antonio Machado fue una experiencia inolvidable, un favor mutuo.