Justicia poética

Tomás Gorria. Todos los días, camino de la misma estación de metro a la que acudía Antonio Machado cuando se dirigía a Valencia, paso por el paseo de la acequia que bordea Villa Amparo. Hace años que ya no existe, pero allí mismo existía un pequeño puente que cruzaba la acequia de Montcada, el que refleja el mural que desde 2009 hace esquina con la calle que lleva a la estación.

Hagamos un esfuerzo e imaginemos la escena. Enero de 1937. Ramón Gaya, quizás acompañado por Manuel Altolaguirre o Juan Gil Albert, (todos miembros del consejo editorial de Hora de España) divisa la figura del poeta que atraviesa ese puente camino de Villa Amparo y esboza una líneas que más tarde convertirá en la ilustración que acompañaba el texto que Antonio Machado escribiera para el número dos de la publicación, publicada en febrero del 37.

Manuel Altolaguirre, Juan Gil-Albert y Ramón Gaya en 1937.

Muchos años más tarde, cuando descubrí esa misma ilustración durante la investigación periodística que realicé en 2006 para un reportaje del suplemento dominical del periódico Levante ya pude intuir que sin duda esa era la imagen sobre la que pivotaría la reivindicación de Rocafort como ciudad Machadiana. Tres años después, la reproducción de esta ilustración sirvió de base para el mural que se ha mantenido hasta nuestros días. Después, en las sucesivas publicaciones se ha venido utilizando la ilustración y la silueta del poeta y, finalmente, sirvió de base para la escultura situada frente a Villa Amparo

Pero el último capítulo de la pequeña historia de esta ilustración se inscribe en la constatación de que en los últimos años, y cuando la primavera hace de las suyas, unas matas de hiedra invaden parte del mural, configurándose como la única variación sobre el conjunto del mismo. Esta circunstancia no pasaría de ser completamente normal si no fuera por la curiosa coincidencia de que esta “invasión” vegetal cubre la zona del dibujo que representa la misma circunstancia, probablemente también la de unas matas de hiedra sobre el muro que recaía a la acequia.

¿Justicia poética?, ¿Casualidad? ¿un jardinero con sensibilidad literaria? Quien puede saberlo. Lo que si sabemos es que el propio Machado en uno sus versos más conocidos ya describió una metáfora similar:

….

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

Un buen argumento, sin duda, para un nuevo poema.

*«Sigue hablando Mairena a sus alumnos», Hora de España (Valencia), n.º II, febrero 1937, p. 5