Machado y la II República

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Antonio Machado leyó «Homenaje al gran poeta García Lorca» (asesinado en Granada el 19 de agosto), con motivo de la inauguración de la «Tribuna de agitación y propaganda» instalada en medio de la plaza Castelar de Valencia por el Ministerio de Instrucción Pública. El acto tuvo lugar a las 4 de la tarde, en una plaza abarrotada de gente, y con la asistencia del ministro Jesús Hernández, y la intervención de León Felipe.

El compromiso de Antonio Machado con la II República fue claro y nítido. Reproducimos unos manuscritos poco conocidos y probablemente escritos en Rocafort en abril de 1937 (ver foto 4) en los que el poeta recuerda la proclamación de la República en Segovia y analiza los seis años de la II República.

Reproducimos  de su contenido.

Recuerdo: El 14 de abril en Segovia

“Era un hermoso día de sol. Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros llegaba, al fin, la segunda y gloriosa República Española. ¿Venía del brazo de la primavera? La canción infantil que yo oía cantar, o soñé que se cantaba en aquellas horas, lo decía de este modo:

La primavera ha venido
del brazo de un capitán.
Cantad, niñas en coro:
¡Viva Fermín Galán!

Florecía la sangre de los héroes de Jaca, enterrados bajo las nieves del invierno y el nombre abrileño del capitán muerto era evocado por la canción infantil como un fantasma de primavera

La primavera ha venido
y don Alfonso se va.
Muchos duques lo acompañan
hasta cerca de la mar.
Las cigüeñas de las torres
quisieron verlo embarcar.

Fue un día profundamente alegre -muchos que éramos viejos no recordábamos otro más alegre-, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.
Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el Ayuntamiento la bandera tricolor. Se cantó la Marsellesa; sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo. Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor, turbó la faz de aquellas horas. La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter.

Así recuerdo yo el 14 de Abril de 1931″.

Valencia, 14 de abril de 1937

“Desde aquel día -no sé si vivido o soñado- hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales, acaso, merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras. Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno; y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes. Tal fue, a grandes rasgos, la segunda gloriosa República Española, que terminó, a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes [con la victoria de la derechista CEDA en las elecciones de 1933]. Destaquemos este claro nombre representativo: Manuel Azaña.

Vinieron después los días de laboriosa y pertinaz traición, dentro de casa. Aquellos hombres nobilísimos, republicanos y socialistas, habían interrumpido ingenuamente toda una tradición de picarismo, y la inercia social tendía a restaurarla. Fueron más de dos años tan pobres de heroísmo, en la vida burguesa, como ricos en anécdotas sombrías. Un político nefasto, un verdadero monstruo de vileza, mixto de Judas Iscariote y caballo de Troya, tomó a su cargo el vender literalmente y a poco precio- a la República, al dar acogida en su vientre insondable a los peores enemigos del pueblo. A esto llamaban los hombres de aquellos días: ensanchar la base de la República. Destaquemos un nombre entre los viles que los represente a todos: Alejandro Lerroux.

Pero la traición fracasó dentro de casa, porque el pueblo despierto y vigilante, la había advertido. Y surgió la República actual, la más gloriosa de las tres digámoslo hoy valientemente, porque dentro de veinte años lo dirán a coro los niños de las escuelas-; surgió la tercera República Española con el triunfo en las urnas del Frente Popular. Volvían los mismos hombres de 1931, obedientes al pueblo, cuya voluntad legítimamente representaban; y otra vez traían un mandato del pueblo, que no era precisamente la revolución social, pero sí el deber ineludible de no retroceder ante ningún esfuerzo, ante ningún sacrificio, si la reacción vencida intentaba nuevas y desesperadas traiciones. Y surgió la rebelión de los militares, la traición madura y definitiva que se había gestado durante años enteros. Fue uno de los hechos más cobardes que registra nuestra historia. Los militares rebeldes volvieron contra el pueblo todas las armas que el pueblo había puesto en sus manos para defender a la nación, como no tenían brazos voluntarios para empuñarlas, los compraron al hambre africana, pagaron con oro, que tampoco era suyo, todo un ejército de mercenarios, y como esto no era todavía bastante para triunfar ante un pueblo casi inerme, pero heroico y abnegado, abrieron nuestros puertos y nuestras fronteras a los anhelos imperialistas de dos grandes potencias europeas. ¿A qué seguir? Vendieron a España. Pero la fortaleza de la tercera República sigue en pie. Hoy la defiende el pueblo contra los traidores de dentro y los invasores de fuera, porque la República, que empezó siendo una noble experiencia española, es hoy España misma. Y es el nombre de España, sin adjetivos, el que debemos destacar en este 14 de abril de 1937.”

Actualización: Un documento a incorporar a esta reseña sobre Machado y la II República:,  el Extracto de un extenso documental que tve emitió a comienzos de 1989, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento de Antonio Machado, el que corresponde al periodo entre el 14 de Febrero de 1931 (acto en el Teatro Juan Bravo de Segovia) y la precipitada marcha del poeta a Valencia -como otros tantos intelectuales-, de ahí hacia la cercana Rocafort, en Abril de 1938 hacia Barcelona, y finalmente su forzoso y penoso camino del exilio hacia Francia. Intervienen Rafael Alberti, Enrique Lister y Santiago Carrillo.

 

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