Machado, entrevistado en Rocafort

“Antonio Machado. Caminos sobre la mar” es un libro de Rafael Inglada, editado por Confluencias, que reúne las entrevistas concedidas por el poeta a la prensa. Entre las entrevistas, aparece en lugar destacado la que Antonio Machado concedió en Rocafort a Fragua Social el 19 de diciembre de 1936 y que puede verse en nuestra web, en la sección hemeroteca, y cuya imagen  reproducimos en esta misma noticia.


Rafael Inglada, autor del libro,  ha valorado para
machadoenrocafort.com la importancia de esa entrevista: “La entrevista de “Fragua Social” es importante para adentrarse mas en el Antonio Machado comprometido con la República, con las libertades, al lado de la cultura, y en ella nos recuerda a su hermano Manuel, a quien siempre tanto quiso, entonces en Burgos. E importante también sus palabras porque nos habla de la unidad de las izquierdas para “aplastar al fascismo”. La fotografía del poeta  en la escalera de Villa Amparo aparece en las primeras páginas de la publicación, e incluso, según nos confirmo Inglada, se valoró que esta imagen fuese la portada del libro.

 

 

También aparece en el libro (pag. 125) otra de las entrevistas que Machado concedió en Rocafort, la del poeta alicantino Pascual José Pla y Beltrán, que puede verse en el siguiente enlace de nuestra web   y de  la que reproducimos un fragmento:

Pascual Pla y Beltrán

“Rocafort [Valencia], asentado sobre el declive de un cerro enano, tiende lar­gamente sus pies al cercano mar donde las espumas marinas se confunden con las jaspeadas barcas pescadoras. La tierra fulge verdes rabiosos, amarillos tonantes y acalorados sienas, cruzado de continuo —de día y de noche— por ese rumor fresco que tiene el agua de las acequias. Estos son los pies de Rocafort. Su frente está coronada por un pinar menguado; de su hombro diestro baja en las noches del estío el azahar de los naranjales, cuyos huertos han ganado los hombres horadando en la piedra, a fuerza de sudorosos sacrificios: sangre, trabajo y tiempo. En este Rocafort levantino moró Machado algunos meses. Ocupaba un bello chalet en la parte baja del pueblo, con un huerto de jazmines, de rosales y de limoneros. Este paisaje, en el crepúsculo de su edad, le recordaba su niñez en Sevilla. El edificio tenía —o tiene— un mi­rador abierto desde donde podía adivinarse el mar. En aquella pequeña terraza solía recibir Machado a sus visitas.”

 

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