Antonio Machado y Elie Siegmeister: creación artística y compromiso político

Publicamos, por su interés, y con el permiso de su autora; Reyes Vila-Belda, el siguiente artículo, publicado inicialmente en abelmartin.com y actualizado para machadoenrocafort.com, con aportaciones exclusivas acerca de la relación entre Lorca, Machado y Siegmeister

Antonio Machado y Elie Siegmeister: creación artística y compromiso político. Nuevas aportaciones.

Reyes Vila-Belda
Indiana University

En el 2009, Jordi Domènech, reconocido experto en Antonio Machado, tuvo la gentileza de facilitarme una copia facsímil de una partitura musical del compositor nortamericanoElie Siegmeister. Se trataba de tres canciones compuestas por el músico norteamericanodedicadas al asesinato de Federico García Lorca basadas en  «El crímen fue en Granada», la famosa elegía que Antonio Machado dedicó al poeta granadino poco después de su asesinato.  Con la primicia de la partitura de Nueva York, junto a otro material de investigación que encontré en la biblioteca de mi universidad, escribí un artículo que se publicó en Abel Martín. Revista sobre Antonio Machado en junio de ese mismo año. Sin embargo, nueva información que yo desconocía hasta ahora podría arrojar luz sobre cómo llegó el poema machadiano a la ciudad neoyorquina y explicar el enigma de cómo fue a parar a las manos de Siegmeister.  

En 1938, Elie Siegmeister compuso The Crime Took Place in Granada [El crimen fue en Granada], también conocida como Elegies for Garcia Lorca [Elegías a García Lorca], tres canciones para barítono y piano. La importancia de esta composición no sólo radica en que es una obra temprana del que sería luego uno de los compositores estadounidenses más importantes del siglo XX, sino también por ser una versión musical muy temprana del poema de Antonio Machado, «El crimen fue en Granada», dedicado a Federico García Lorca y escrito con motivo de su dramático asesinato  en 1936, a principios del estallido de la guerra civil española (1936-1939). Dos años después del trágico fin de García Lorca, los versos de Machado habían llegado a Nueva York y sonaban en la composición músical de Siegmeister.

En el poema, Machado muestra su enorme dolor por el amigo muerto, repudia su crimen, y se lamenta de que hayan sido las gentes de su tierra natal —de «su Granada»— quienes lo perpetraran. Granada es el escenario del crimen, pero también una metonimia de quienes allí vivían cuando ocurrieron los hechos, donde un pelotón de verdugos locales ejecutó a un  hijo de la ciudad, al poeta granadino. El poema representa el enfrentamiento de la España  del «verso», la de la República democrática y culta que encarna Federico, derrotada «a plomo» y traición por la rebelión militar de los «fusiles». Pero es también el relato de un narrador-poeta que con sus versos rompe el silencio de todos los que presenciaron esa tragedia sin denunciarla. Al escoger este poema como texto para su composición musical, Siegmeister se solidariza y apoya su mensaje, contribuyendo además a su difusión internacional y subrayando con este acto la importancia de la expresión artística como testimonio.

Machado escribió el poema poco después del asesinato de García Lorca, ocurrido el 19 de agosto de 1936, al inicio de la Guerra Civil. Se publicó, pasados unos meses, en Ayuda. Semanario de la solidaridad, el 17 de octubre de ese mismo año. Más tarde, Machado lo incluyó en su libro La guerra, publicado en 1937. Por su parte, resulta especialmente llamativa la fecha de composición de estas canciones de Siegmeister, escritas en 1938, poco menos de dos años después de que se produjera el crimen de García Lorca, lo que muestra la rapidez en la difusión y circulación de la noticia de la muerte del poeta granadino y del poema de Machado.

El poema es una silva-romance algo irregular, una variación modernista del romance que Machado utilizó  con mucha frecuencia. Como he estudiado  en otro trabajo, por su origen  y transmisión oral, el romance y sus variantes están vinculados con la historia y la tradición popular, con los héroes y los mitos que son parte de la identidad nacional (2004: 72, 91). Tras ser recuperado por los poetas del 27, el romance adquirió especial importancia durante la Guerra Civil. Por eso, la forma del poema machadiano es el vehículo idóneo para incorporar estos hechos a la historia del pueblo. Está dividido en tres partes: la primera titulada «El crimen», la segunda «El poeta y la Muerte», y la tercera, más breve, sin título.

En la primera estrofa, como es habitual en los romances, un hablante relata los dramáticos hechos que, a su vez, oyó a un testigo:

Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
 Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
 Muerto cayó Federico
 —sangre en la frente y plomo en las entrañas—
 …Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!— ¡en su Granada!…

(La guerra: 25)

El poema comienza in media res, otro rasgo romancista, captando ese momento trágico en que, tras el arresto, los soldados se llevan a García Lorca por las calles de Granada. Comenta James Whiston que Machado muestra a Federico caminando entre «fusiles», transformando de este modo «a los ejecutores en instrumento de su muerte» (1996: 64). Este primer segmento tiene un tono y ritmo de romance, con la rima asonante en los versos pares. Las imágenes,  de reminiscencias muy lorquianas, de acuerdo con este crítico, recuerdan a  su «Romance de la Guardia Civil». También lo ha comparado, con acierto, con el cuadro  Los fusilamientos de la Moncloa de Francisco de Goya, más conocido por Los fusilamientos del Dos de Mayo, por la forma en que presenta a García Lorca convertido en representante del pueblo, asesinado por el pelotón anónimo de los traidores, y al artista que crea su obra como testigo (1996: 64-65).

En la segunda parte, Machado presenta a García Lorca caminando mientras dialoga con la muerte:

Se le vio caminar solo con Ella,

sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
 requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.

(La guerra: 27)

En esta conversación con la muerte, a quien llama «compañera» y «gitana», se trasluce la importancia que este tema tiene  en la obra lorquiana,  tantas veces trasfondo  de  sus versos o sus dramas. En su paseo por las calles al amanecer, frente a las torres silenciosas, se oye el repicar de los herreros martilleando el yunque, imagen  empleada con anterioridad por Machado en el poema «elogio» dedicado a su maestro Francisco Giner de los Ríos (CXXXIX): «¡Yunques, sonad; enmudeced campanas» (Campos de Castilla: 237). También aquí, como en el poema escrito con motivo de la muerte de su maestro de la Institución Libre de Enseñanza, los yunques actúan como metonimia de los trabajadores. En esta ocasión, el tropo refiere al pueblo invisible que parece repiquetear su instrumento de trabajo en manifestación de solidaridad con su poeta.

El compositor norteamericano mantiene en sus canciones los títulos originales de las dos primeras partes del poema de Machado,  aunque  traducidos al  inglés:  1. «The  Crime» [«El crimen»] y 2. «The Poet and Death» [«El poeta y la Muerte»]. Sin embargo, en la tercera sección, sin título en el poema,  Siegmeister acentúa el  tono  funerario  de  la composición titulándolo «Elegy» [«Elegía»]. El título se adecua bien al contenido. En la tercera parte del poema, la voz poética que narraba los hechos interrumpe su relato para pedir como es propio en las elegías, que se haga un monumento, de «piedra y sueño», «sobre una fuente», a la memoria de García Lorca:

Se les vio caminar…

Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
 el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

(La guerra: 29)

En ese monumento a la memoria del poeta asesinado, Machado deja claramente inscrito dónde y quiénes le mataron: en Granada, su tierra, y por su gente.  La repetición del nombre de la ciudad —«en Granada», «¡pobre Granada!», «¡en su Granada!»—, es esencial. Además de contribuir poderosamente al ritmo, el nombre de la capital andaluza es símbolo del enfrentamiento que supuso la guerra civil: la Granada del  poeta frente a la de los otros, los del pelotón y los testigos silenciosos del apresamiento de Federico. De este modo, resalta el carácter fratricida del asesinato de García Lorca. La otra repetición «se le vio» / «se les vio», con la que abre cada una de las estrofas, también contribuye efectivamente al ritmo y al contenido de los versos. Como destaca Whiston, con la repetición deja claro que hay testigos de su arresto y muerte, pero nadie se atreve a denunciar el crimen hasta que la voz poética acusa con ese recriminatorio «sabed» del último verso de la primera estrofa (1996: 67). Así, el poema resalta la importancia del poeta como testigo y de su arte como testimonio (1996: 65, 69).

Siegmeister, conciencia política y composición musical


No es de extrañar que las dramáticas circunstancias de la muerte de García Lorca y la injusticia captada poéticamente en estos versos atrajeran poderosamente la atención de un  joven e inquieto compositor norteamericano. Además, por esos años Siegmeister se había afiliado con causas de la izquierda y era solidario con diversas manifestaciones en la lucha contra la injusticia humana. De hecho, la preocupación por manifestar una conciencia social artística y de establecer, por medio de la música, una comunicación con las masas, ambas presentes ya desde sus inicios profesionales, son constantes en toda su carrera,  aunque su pasión política se fuera atenuando en su madurez.

Siegmeister (1909-1991) nació en la ciudad de los rascacielos y pasó su juventud en Brooklyn. En 1925 asistió a Columbia University, que por entonces se llamaba Columbia College, especializándose en teoría y composición musical, y en donde se graduó en 1927. Es la misma universidad que acogería dos años más tarde a García Lorca en su estancia en Nueva York. Tras obtener su licenciatura, fue a estudiar a París, en donde  resid  cuatro años. Regresó a Estados Unidos en los años de la Depresión. A su vuelta, ver las condiciones sociales de la clase trabajadora, que sufría especialmente durante esos años de crisis económica, le llevó a comprometerse con causas de la izquierda. Este compromiso no era sólo político, ya que publicó dos artículos para la revista Modern Monthly en los que expresaba su visión marxista de la música, que entendía desde un planteamiento dialéctico, como burguesa o proletaria, identificándose con esta última. Consecuente con sus ideas de solidaridad con las clases bajas, compusocanciones que respondían a su visión concienzada, como The Strange Funeral in Braddock, basada en un texto de Michael Gold, activista afiliado al partido comunista norteamericano. Esta pieza se estrenó en la Semana Internacional de Música contra el Fascismo y la Guerra, en 1934. De 1935 a 1938, estudió dirección de orquesta en la prestigiosa Julliard School. Desde los comienzos de su carrera como compositor, Siegmeister buscó una forma de expresión musical propia, explorando diversas fuentes de inspiración, como el jazz o la música folkórica americana, de los que adoptó elementos para la creación de su propio lenguaje. En 1949 fue nombrado profesor en Hofstra University, donde permaneció hasta su jubilación.

Siegmeister cuenta con una extensa producción compuesta por nueve óperas, nueve sinfonías, piezas musicales para ballets, música de cámara y piano, y más de cien canciones. Entre ellas, se encuentran muchas composiciones inspiradas en obras literarias diversas, poemas de Shakespeare, de Langston Hughes y de E. E. Cummings, entre otros, y una novela del escritor judío Bernard Malamud para una de sus óperas.Además, compuso treinta siete piezas  orquestales que han sido interpretadas por orquestas de todo el mundo bajo  la batuta de prestigiosos directores como Arturo Toscanini, Leopoldo  Stokowski o Lorin Maazel.  

Pero, ¿cómo llegó este poema de Machado, escrito durante la guerra civil española,  a manos de Siegmeister? Parece casi imposible saberlo con certeza, pero aun a riesgo de no  pasar del plano especulativo, bien pudiera deberse a una o varias circunstancias posibles que me limito a anotar. Si bien, todas estas circunstancias están relacionadas con la importancia de Nueva York como uno de los centros intelectuales del hispanismo al otro lado del Atlántico durante los años de la guerra civil y primeras décadas de la posguerra, y la preocupación que allí se sentía por los acontecimientos históricos, políticos y culturales que se vivían en España en esos años.

En primer lugar, hay que considerar la fama del propio García Lorca como poeta y dramaturgo, así como las trágicas circunstancias de su muerte, y el impacto que esta noticia tuvo en las sociedades democráticas que observaban muy de cerca lo que ocurría en España, aunque sin comprometerse. Aspecto este que indignó a muchos intelectuales y artistas del mundo entero, también a los norteamericanos. Como es sabido, la guerra civil española fue un conflicto nacional con amplias repercusiones internacionales, pues era considerado por muchos como un campo de observación militar e ideológico que precedió a la Segunda Guerra Mundial, en el que se debatían grupos de fuerzas antagónicas: comunistas y fascistas; monárquicos y republicanos; liberales y conservadores. Además, la noticia del crimen debió de causar un hondo impacto entre los amigos que había dejado García Lorca en Nueva York tras su breve residencia de 1929-1930. A ellos hay que sumar la pasión que despertó su figura y su obra. Entre sus admiradores destaca Langston Hughes, el poeta e intelectual afroamericano, con el que pudo coincidir en su estancia neoyorquina, aunque no hay pruebas escritas que documenten ese encuentro. Afirma Michael Ugarte que Hughes se mantuvo próximo al partido comunista norteamericano (American Comunist Party, conocido también como CUPSA), partido que mostró especial interés por la situación política española (2007: 113). Según Ugarte, en los años treinta Hughes apoyó fervientemente causas antifascistas, además de escribir sobre la guerra civil española (2007: 113).

Entre las muchas causas políticas y sociales a las que Siegmeister contribuyó con suapoyo, destaca especialmente el reconocimiento de los derechos de los negros en Estados Unidos. El compositor conocía a Hughes y a su obra, y le fascinaba especialmente la forma en que, en su poesía, captaba la experiencia americana de la gente de color. Compartían  también una misma militancia de izquierdas. Profesionalmente, Siegmeister sintonizó de manera especial con las composiciones poéticas de Hughes, empleando más de cincuenta poemas suyos como textos líricos, base para sus composiciones de canciones o ciclos musicales. Llegaron incluso a unir sus esfuerzos en un proyecto conjunto para Broadway en 1952, proyecto que no llegaron a concluir. La preocupación por los problemas raciales y la injusticia continuaron preocupando a Siegmeister, que escribió una composición dedicada a Martin Luther King, titulada I have a Dream, basada en el famoso discurso del activista, en 1967. Además, Hughes, que pasó siete meses en España durante la contienda como corresponsal para el periódico Baltimore Afro-American, conoció a muchos amigos de García Lorca, especialmente a Rafael Alberti y María Teresa León y tradujo dos de sus obras del poeta granadino, el Romancero gitano y Bodas de sangre, aunque tardó muchos años en publicarlas. Si bien todo esto prueba una estrecha colaboración entre ambos, no demuestra que fuera Hughes quien diera a conocer el poema de Machado a Siegmeister.

Por otro lado, a partir de los años veinte, la obra de Machado había empezado a tener cierta repercusión internacional, incluyendo a los Estados Unidos, y fue adquiriendocierto prestigio entre los hispanistas extranjeros. Entre ellos, cabe destacar al norteamericano John Dos Passos, que le había visitado personalmente en Segovia y le dedicó un capitulo de su Rosinante to the Road Again publicado en tierras americanas en 1922. También se incluyeron poemas suyos en antologías publicadas en Estados Unidos, escritas tanto en inglés como en español. Todo ello, añadido a las circunstancias trágicas de la muerte de García Lorca, pudo hacer que este poema tuviera una especial difusión entre quienes conocían la obra de Machado en tierras norteamericanas.

Desde que publiqué la primera versión de este artículo, he encontrado otra fuente que podría explicar cómo llegó el poema machadiano a manos de Siegmeister. Se trata de la compilación …and Spain Sings. Fifty Loyalists Ballads Adapted by American Poets […y España canta. Cincuenta poemas de los republicanos españoles adaptadas por poetas americanos], editada por M. J. Benardete y Rolfe Humpries, que se publicó en Nueva York por la editorial The Vanguard Press en 1937. Maír José Benardete, de origen turco, fue un experto en estudios sefardíes y profesor de Literatura Española en Brooklyn College. Por su parte Rolfe Humphries era poeta, traductor y profesor de literatura, especializado en poesía. Entre sus traducciones figuran dos obras de García Lorca, Poeta en Nueva York (Norton 1940) y el Romancero gitano (Indiana University, 1950). Muchos de los poemas incluídos en …and Spain sings proceden de El Mono Azul, el boletín semanal a cargo de Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre, que era el órgano de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura y que desde agosto de 1936 publicaba en cada número tres páginas de romances escritos por diversos poetas, bajo el título Romancero de la guerra civil. En las páginas introductorias de esta compilación, Benardete cuenta que precisamente leyó los primeros romances de la contienda en unos ejemplares de El Mono Azul, durante una visita a Waldo Frank (x). Fascinado con su lectura, cursó una invitación pública a poetas y escritores que respondieron de forma masiva sometiendo traducciones para la antología. La elegía de Machado fue traducida por el propio Humphries:

The Crime Took Place at Granada

For Federico García Lorca

 I

The Crime

 We saw him go, rifles on either side,
Down the long avenue at dawn’s cold plain,
Quiet beneath the stars.
There, as the light took aim, they shot him down.
The firing squad all shut their eyes and prayed:
“Not even God Himself will save you now.”
Blood on the brow, lead in the heart, he fell.
The crime took place at Granada,
You know poor Granada his Granada.

II

DEATH AND THE POET

We used to see him walk alone with her,
 Unfearful of her sickle.
Sun on the towers, hammer on anvil ringing,
 And Federico, in his courteous way,
Would talk with Death, and she would listen:
“Yesterday in my verses, Comrade Mine,
The dry rasp of the palm was heard,
 Chilling the song, cutting the drama down
With the bright silver sickle.
And so I’ll sign the flesh that is not thine,
 The eyes that fail thee now, hair that the wind
Would shake, oh, long ago, and the red lips
That fellows used to kiss.
Today as yesterday, my gypsy Death
How well it is to be alone with thee,
O Spirit of Granada my Granada!”

​​III

We saw them disappear.
Engrave, O friends,
Deep in the stone and the dream, for the Alhambra,
Deep in the stone and dream, a poet’s tomb,
Beneath a fountain where the water weeps,
Weeps, and forever says:
The crime took place at Granada his Granada.

 [Rolfe Humphries] ANTONIO MACHADO  (62-63)  

Benardete cuenta que se organizaron recitales en donde se leyeron traducciones de algunos de los poemas en diferentes ciudades, entre las que figura Nueva York, quedespertaron enorme interés (x). No es descartable que Siegmeister asistiera a alguna de dichas lecturas públicas, así como pudo haber leído la antología que, además, se vendiócon el propósito de recoger fondos para apoyar a la causa republicana.  

Tampoco es descartable que Siegmeister conociera el poema directamente por alguno de los muchos intelectuales procedentes de España que se fueron asentando en Nueva York, como Federico de Onís, amigo de Machado y con quien mantenía correspondencia personal. Onís ocupaba un puesto en Columbia University desde 1916, en el mismo centro académico en el que, como mencioné, había estudiado Siegmeister. Onís había incluido una extensa selección de  poemas de  Machado en su prestigiosa Antología de la poesía española e hispanoamericana publicada en 1934. Por su parte, Machado dedicó un poema a Onís, que publicó en Hora de España, n.º XVIII, junio 1938. Desde su puesto en la Universidad de Columbia, según  afirma José Polo, Onís ejercía de delegado cultural de España, encargándose de difundir la literatura española e hispanoamericana en Estados Unidos (2007: 367). Fue precisamente Onís quien acogió a Federico en la universidad durante su estancia americana. Otra figura importante en la misma universidad fue Ángel del Río, el historiador de la literatura española, que tomó posesión de su puesto académico en ese centro en abril de 1930.

Al estallar la guerra civil en España, también algunos exiliados eligieron asentarse en la ciudad neoyorquina (entre ellos, Francisco García Lorca, hermano menor del  poeta, aunque  éste no obtuvo un puesto en la universidad hasta 1940). No sabemos si Siegmeister llegaría a conocer a alguno de los profesores de español de su alma mater, pero tampoco es impensable que pudiera haber existido tal relación, al menos con Onís. Por último, bien  pudo haberle llegado noticia de la trágica muerte de García Lorca por alguno de los combatientes voluntarios de las brigadas internacionales Abraham Lincoln, que habían luchado en la contienda de 1936 a 1938 y que, a su regreso a Estados Unidos, puede que trajeran consigo en sus mochilas la inmortalización de esta tragedia en este poema que llamó la atención del joven Siegmeister.

Obras citadas

Abel Martín. Revista de estudios sobre Antonio Machado <www.abelmartin.com>.
Editor: Jordi Doménech. «La guerra. Antonio Machado. Poesías 1936-1939».

Bernardete, M. J. y Humpries, Rolfe, editores, …and Spain Sings. Fifty Loyalists Ballads Adapted by American Poets, New York, The Vanguard Press, 1937.

Machado, Antonio, Campos de Castilla, ed. Geoffrey Ribbans, Madrid, Cátedra, 2002 (12.ª ed.).

La guerra (1936-1937), ed. Jaume Pont, Valencia, Denes, 2005.

Onís, Federico de (ed.), Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932), Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1934.

Polo, José, «Correspondencia científica (1927-1952). Dámaso Alonso / Amado Alonso», Cauce. Revista internacional de filología y su didáctica, n.º 30, 2007, pp. 357-83.

Saz, Sara, «Desde Granada a Harlem. La traducción al inglés de Langston Hughes del Romancero gitano», Actas XLI (AEPE). Centro Virtual Cervantes. Consulta: 8 de noviembre 2018.

Siegmeister, Elie, Songs of Elie Siegmeister, Sherman Oaks (California), Alfred, 1978.

Ugarte, Michael, «The Question of Race in the Spanish Civil War», en Noël Valis (ed.), Teaching Representations of the Spanish Civil War, Nueva York, MLA, 2007, pp. 108-16.

Vila-Belda, Reyes, Antonio Machado, poeta de lo nimio, Madrid, Visor, 2004.

Whiston, James, Antonio Machado’s Writings and the Spanish Civil War, Liverpool, Liverpool  UP, 1996.

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