Artículos y ensayos

En los años de la guerra, especialmente a partir de su traslado a Valencia, Antonio Machado lleva a cabo una actividad ingente, a pesar de su ya avanzada edad y su precario estado de salud. En apenas dos años, (1937-1938, publica un total de 102 escritos, casi tantos como en toda su vida hasta entonces. Su firma aparece en más de 50 revistas y periódicos, de los cuales por lo menos en 21 de ellos son colaboraciones directas.

En su etapa de Rocafort, destacan especialmente sus artículos mensuales en la revista Hora de España, desde su primer número en enero de 1937 hasta el último n.º XXIII, de noviembre de 1938, que ya no llegó a ver la luz. Con un formato muy similar al de Hora de España, Machado participa en el libro que Ediciones Españolas editó con motivo del II Congreso Internacional de Escritores con el título: Poetas en  la España leal, que se repartió entre los participantes de dicho Congreso, con colaboraciones de Alberti, Altolaguirre o Cernuda, entre otros. Es también destacable su colaboración regular en el boletín diario del Servicio Español de Información. Colabora asimismo en la lujosa revista Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura, editada por el Ministerio de Instrucción Pública, así como en muchas de las diversas publicaciones del Socorro Rojo Internacional, especialmente en Ayuda. Semanario de la solidaridad.

Todo ello sin contar su colaboración en las diversas publicaciones y folletos editados por el gobierno de la República, como su aportación en las tarjetas postales infantiles que editó el Ministerio de Comunicaciones por iniciativa de Giner de los Rios para que los niños refugiados en lugares alejados del frente pudieran comunicarse gratuitamente con sus padres. Las postales, ilustradas por el cartelista valenciano Arturo Ballester contaban con textos de Antonio Machado.

Una cuidada selección de los escritos de la guerra de Antonio Machado, en poesía y prosa, fue recogida en el libro La guerra (Madrid, Espasa-Calpe, 1937), ilustrado con dibujos de su hermano José, en el que aparecen seis láminas con diversos paisajes de Rocafort.

Por otra parte, la actividad cívica de Machado en 1937 durante su estancia en Rocafort fue asimismo notable: presidente del Patronato de la Casa de la Cultura; participación en la Conferencia Nacional de Juventudes organizada por las Juventudes Socialistas Unificadas en enero de 1937, y su posterior “Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas” pronunciado en el local de las JSU el 1 de mayo de 1937 (recogido en La guerra); intervención en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, inaugurado en Valencia el 4 de julio de 1937, donde leyó en la sesión de clausura su famoso discurso “Sobre la defensa y la difusión de la cultura”.

Pero especialmente emotiva fue, poco después de su llegada a Valencia, la lectura pública del poema a la muerte de García Lorca, asesinado en Granada el 19 de agosto de 1936. Machado leyó esta poesía —con el título de «Homenaje al gran poeta García Lorca»— el 11 de diciembre de 1936, en la plaza de Emilio Castelar de Valencia, que José Bergamín glosa en estas líneas: “Yo he visto subir al poeta, un claro mediodía, a un tingladillo levantado en medio de la plaza más grande de Valencia. Le rodeaba una inmensa muchedumbre. Parecía que subía al cadalso. Mas no ahogaba su voz por eso contrario, habló desde allá arriba con tal fuerza que aquel deje tímido y altivo de su palabra le iba desnudando o, mejor digo, vistiéndola de sangre, por un pensamiento que expresaba los sentimientos en conmoción de todos los pueblos de España”.

La estancia de Machado en Rocafort es especialmente fecunda, como cuenta su hermano: “se quedaba todas las noches ante su mesa de trabajo, rodeado de libros. Metido en su gabán desafiaba el frío escribiendo hasta primeras horas del amanecer en que abría el gran ventanal para ver la salida del sol o, en otras ocasiones, y a pesar de estar cada día menos ágil, subir a lo alto de la torre para verlo despertar, allí lejos, sobre el horizonte del mar. En estas largas noches invernales trabajaba, trabajaba sin cesar para atender el sin fin de peticiones que de todas partes le hacían. Trabajaba sin descanso en la Torre de Rocafort durante los quince meses aproximadamente que duró su estancia aquí”.

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